Jueves, 02 de octubre del 2008
Maru Blanco
“Una bala pudo cambiar todo nuestro destino, tal como mató la vida e ilusiones de cientos de estudiantes. Mis hijos, la vida como la conocemos ahora y todo lo que nos rodea pudo esfumarse en tan solo un segundo, debido a un movimiento al cual muchos jóvenes y personas en general éramos ajenos, y por la inconsciencia del gobierno que en ese entonces sólo pensaba en sus intereses y buscaba callar las voces inconformes, dando paso a la represión y al terror en la sociedad mexicana”.
El 2 de octubre de 1968, Lucía y Carlos, de tan sólo 20 años de edad, caminaban como cada día, a una panadería que se encontraba a escasas cuadras de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para abastecerse de leche y lo suficiente para la merienda de unos recién casados. Con pocos meses de embarazo, ella platicaba con su esposo acerca de los preparativos que debían hacer para la espera del bebé. De pronto, unos extraños sonidos que retumbaban en el aire captaron su atención: “¿Qué pasa? Esto no suena como un festejo… ¿y esos gritos?
Carlos relata: “El dueño de la panadería nos tachó de locos por atrevernos a salir en medio del caos, pero nosotros desconocíamos la situación hasta que nos explicó, y además, nos prohibió salir de ahí en unas cuantas horas. Temblando del susto, tuvimos que guardar silencio y hablar con la mirada pero no podíamos permanecer ahí por mucho tiempo. Sabíamos que el Ejército saquearía esa casa y todos los departamentos alrededor, así que debíamos salir de ahí cuando antes para ponernos a salvo”.
Arriesgando su vida, la pareja andaba cada vez más deprisa por las calles, con el objetivo de abandonar la zona lo más rápido posible, mientras se escondían en las sombras, recovecos y automóviles que podían resguardarlos de la redada en contra de cualquier joven que se encontraban, y posteriormente eran detenidos sin previa averiguación o interrogatorio para saber si formaban parte de los mítines de estudiantes, sólo por las órdenes del Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz.
“En la confusión -continúa Carlos-, volteé la mirada y vi un grupo de chavos que corrían hacia nosotros, con el terror dibujado en sus ojos. Nunca olvidaré cómo la adrenalina se apoderó de mí, combinada con un sentido de protección que me orilló a aventar a mi esposa al piso, de tal forma que yo sabía que no podía lastimarse. Ella no tuvo tiempo de reaccionar… y con lágrimas en los ojos recuerdo que en medio del caos, escuchamos cómo la botella con leche se estrelló contra el piso y al mismo tiempo, una bala se incrustó en el vehículo junto al que estábamos nosotros, a escasos 20 centímetros de la cabeza de Lucía. Fue impactante, creo que nos quedamos inmóviles por algunos segundos, que parecieron horas. Tiempo después, estábamos a salvo en la colonia Espartaco”.
Según cifras oficiales, los estudiantes y otros civiles caídos en Tlatelolco no fueron significativos, aunque bien se sabe que varias personas fueron detenidas y encarceladas por varios años. El resultado: un pueblo que aprendió a callar, a ser reprendido por temor a perder la vida y a no saber cómo hacer respetar su libertad de expresión. Muchas preguntas al aire, pero también muchas historias que, a diferencia de Carlos y Lucía, no tuvieron final feliz.
Maru Blanco
“Una bala pudo cambiar todo nuestro destino, tal como mató la vida e ilusiones de cientos de estudiantes. Mis hijos, la vida como la conocemos ahora y todo lo que nos rodea pudo esfumarse en tan solo un segundo, debido a un movimiento al cual muchos jóvenes y personas en general éramos ajenos, y por la inconsciencia del gobierno que en ese entonces sólo pensaba en sus intereses y buscaba callar las voces inconformes, dando paso a la represión y al terror en la sociedad mexicana”.
El 2 de octubre de 1968, Lucía y Carlos, de tan sólo 20 años de edad, caminaban como cada día, a una panadería que se encontraba a escasas cuadras de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para abastecerse de leche y lo suficiente para la merienda de unos recién casados. Con pocos meses de embarazo, ella platicaba con su esposo acerca de los preparativos que debían hacer para la espera del bebé. De pronto, unos extraños sonidos que retumbaban en el aire captaron su atención: “¿Qué pasa? Esto no suena como un festejo… ¿y esos gritos?
Carlos relata: “El dueño de la panadería nos tachó de locos por atrevernos a salir en medio del caos, pero nosotros desconocíamos la situación hasta que nos explicó, y además, nos prohibió salir de ahí en unas cuantas horas. Temblando del susto, tuvimos que guardar silencio y hablar con la mirada pero no podíamos permanecer ahí por mucho tiempo. Sabíamos que el Ejército saquearía esa casa y todos los departamentos alrededor, así que debíamos salir de ahí cuando antes para ponernos a salvo”.
Arriesgando su vida, la pareja andaba cada vez más deprisa por las calles, con el objetivo de abandonar la zona lo más rápido posible, mientras se escondían en las sombras, recovecos y automóviles que podían resguardarlos de la redada en contra de cualquier joven que se encontraban, y posteriormente eran detenidos sin previa averiguación o interrogatorio para saber si formaban parte de los mítines de estudiantes, sólo por las órdenes del Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz.
“En la confusión -continúa Carlos-, volteé la mirada y vi un grupo de chavos que corrían hacia nosotros, con el terror dibujado en sus ojos. Nunca olvidaré cómo la adrenalina se apoderó de mí, combinada con un sentido de protección que me orilló a aventar a mi esposa al piso, de tal forma que yo sabía que no podía lastimarse. Ella no tuvo tiempo de reaccionar… y con lágrimas en los ojos recuerdo que en medio del caos, escuchamos cómo la botella con leche se estrelló contra el piso y al mismo tiempo, una bala se incrustó en el vehículo junto al que estábamos nosotros, a escasos 20 centímetros de la cabeza de Lucía. Fue impactante, creo que nos quedamos inmóviles por algunos segundos, que parecieron horas. Tiempo después, estábamos a salvo en la colonia Espartaco”.
Según cifras oficiales, los estudiantes y otros civiles caídos en Tlatelolco no fueron significativos, aunque bien se sabe que varias personas fueron detenidas y encarceladas por varios años. El resultado: un pueblo que aprendió a callar, a ser reprendido por temor a perder la vida y a no saber cómo hacer respetar su libertad de expresión. Muchas preguntas al aire, pero también muchas historias que, a diferencia de Carlos y Lucía, no tuvieron final feliz.













1 comentarios:
"¡Que tal que van a regalar un X box 360 edición limitada de Gears of War 2! Sólo hay 20 de ellos en el mundo, y uno es para México. Así que si vives en México, y eres mayor de edad, ya estás del otro lado. Sólo tienes que hacer dos cosas:
- Ingresar a http://www.gowarmy.com y registrarte.
- Hacer un video que no dure más de un minuto que muestre cómo te estas preparando para el lanzamiento de Gears of War 2.
El video más original, elegido por el equipo de X Box México y Epic Games, será el orgulloso ganador. Para darte una idea de cómo hacer tu video, checa: http://www.youtube.com/watch?v=wb82-UDzPdk y http://www.youtube.com/watch?v=s72-SY1O5R4
Tienes hasta el 20 de noviembre, así que métete a http://www.gowarmy.com y sube tu video. ¡Se el único en México en tener esta consola!"
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